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lunes, 13 de junio de 2011

El único perro que me ladra



Acabo de enterarme del estado de salud de Chilcano, un canino muy especial porque llegó en un momento difícil de la vida de su dueño y porque con su simple estilo de vida supo darle otra visión del mundo y de los problemas. Fui testigo de ese feliz encuentro y ahora soy testigo de la dura decisiòn que el dueño de Chilcano debe tomar con respecto a su futuro.


Tengo un perro (Yaco) que me acompaña hace tres años y compartir la vida con él es descubrir otra forma de amistad y fidelidad que muchas veces quisieras ver en las personas. Hace poco Yaco sufrió su segunda convulsiòn de este año lo que nos confirmó el diagnóstico de epilepsia. Estará bien mientras no le den tres convulsiones al mes, pero no quiero pensar en eso solo quiero seguir disfrutando su compañìa desinteresada, solo quiero que dure lo que dure y que siga siendo el perro que me ladre.









domingo, 22 de mayo de 2011

Foreveralone, las pelotas

Los que me conocen (o creen que me conocen) saben que, así no más, no hablo sobre mi vida. Para mí es muy difícil decir lo que siento (no lo que pienso), pues tengo la idea -equivocada o no- que mis amigos ya tienen suficiente con sus rollos como para aventarles los míos. Así que aprovecharé este insólito arranque de desahogo, para escupir algunas cosillas que face to face no te las suelto ni a patadas.
Hace unas semanas -y entre broma y broma- me puse una etiqueta graciosa, creada para un solitario candidato presidencial: foreveralone. Lo curioso fue que de tanto repetirla, me empecé a creer el cuento y la sensación no fue muy agradable. La espina sobre si soy una foreveralone o estoy en camino a serlo comenzó a hincar.
En el 2005 murió Omar, la única persona con la que tuve una relación sentimental plena; han pasado casi 6 años desde que dije adios y durante este tiempo no he vuelto a toparme, tener o encontrar, una persona con la que me sienta tan bien como me sentí con él. En algún momento me pregunté si estaba cometiendo el error de esperar a alguien que sea como mi finado enamorado, pero concluí que no; que simplemente quería una relación donde no me importe entregar todo -en cristiano ser pisada (porque lo soy)-, mientras sienta que vale la pena.
Las personas (no especulen con el número, por favor) con las que me he topado durante este tiempo, no han sido mala gente, pero con ninguno me he sentido feliz y creo que eso sucedió, sobre todo, porque no supe sentirme feliz conmigo misma.
Conversando con una buena amiga, me dijo: no eres foreveralone, eso déjalo para Castañeda. Creo que le haré caso y no le arrebataré el título al solo y triste Castañuelas.





Para terminar les dejo esta salsita bien foreveralone:

martes, 8 de febrero de 2011

Causitas de atún y pollo

Algo tardío mi post, pero no puedo dejar de hablar de lo bueno que me trajo el 2010; aunque ya esté bien entradito febrero y su calor infernal. De hecho el 2010 lo hubiera sido considerado -gracias a cosas que en realidad no valen la pena- como un mal año para mí porque su inicio no fue muy auspicioso, o mejor dicho, porque dejé que me trataran como una zapatilla vieja.

Felizmente ese año lo salvó la amistad y todas las personas extremadamente paja que conocí, con las que me reencontré, las que redescubrí, las que me prestaron su hombro para llorar, con las que bicicleteé, con las que viajé, con las que canté.

También la gente que me desahuevó sin anestesia, y quienes me ayudaron a tragarme mis miedos con pan y mantequilla. Tampoco me olvido de la gente que me hizo reír hasta el piso, como si fueran los PAYASOS de mi fiesta y los amigos que me dieron regalitos inesperados y esperados. Los que se dejaron alucinar (que no es lo mismo que burlar) por mí y los que me alucinaron.

No vale la pena poner nombres, ellos y ellas saben quiénes son y que mi cariño por ellos es infinito. Gracias por existir en el 2010 y quédense en el 2011.

Porque sabemos agradecer, a pesar de lo vivido...Les dejo esta canción de Búnbury


martes, 23 de noviembre de 2010

Una persona, un país

Quizá ya no recuerden el post pasado porque lo escrìbí hace 3 meses y dije que es la antesala de lo que escrbiría en este. Así que ya no la hago más larga.
Uno de los lugares que más disfruté de mi corta, pero significativa, estadía en Venezuela fue Maracay. No solo porque, a diferencia de Maracaibo, el calor no era infernal, sino también por la gente que conocí. Todas son personas extraordinarias, desde mis vecinos del edificio Manire en la urbanización San Jacinto, hasta mis amigos del colegio La Calicantina, donde pasé dos extraordinarios años.
En uno de esos días rutinarios, cuando lo que menos imaginas es recibir una sorpresa - y vaya que fue la mejor del año- me llegó un mensaje de un amigo de Venezuela, de Maracay y de la Calicantina. En ese mensaje me decía que por cosas del destino (o de no sé quién) vendría al Perú. Días después aterrizó en el Jorge Chávez y no solo me trajo su magnífica presencia sino toda una avalancha de recuerdos y emociones que despiertan en mí ese país.
Me pareció increíble descubrir como una persona a la que dejaste de ver hace quince años, puede conservar intacta la misma sonrisa, los mismos gestos y una forma de ser extraordinaria.
Si soy completamente sincera, a mí no me entusiasma inflar el pecho por la comida peruana, pero debo aceptar que verlo disfrutar un plato de anticuchos (¡Gracias Tío Mario!) y verlo tomar un pisco sour, me llenó de orgullo.

No sé si las personas se pueden dar cuenta lo que significan para otras. En ese momento no era solo un reencuentro con un amigo, era un reencuentro con todo un país, que fue y sigue siendo mi segunda casita y fue bonito agradecerlo, aunque sea un poquito, con pisco y anticucho.

Esta canción la escuchaba bastante en Venezuela.